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Edmund De Waal

FIESTAS Y DISIDENCIA

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Las calles iluminadas y decoradas nos anuncian la llegada del invierno, el frío y las fiestas navideñas. Para mucha gente, estas son fechas señaladas que compartir y disfrutar en familia. Sin embargo, son muchas las personas que, lejos de preparar con anhelo la batería de reuniones y eventos que se acercan, temen el calendario navideño. 

 

Las personas disidentes hemos tenido que aprender a marchas forzadas a tejer nuestras propias redes afectivas y de cuidados fuera de la institución de la familia. Para nosotres las celebraciones navideñas implican salir de este círculo y reaprender, gracias a las diferentes formas de violencia correctiva a la que nos exponemos, que no todos los espacios nos ofrecen los cuidados que necesitamos. Muchas veces esta violencia pasa inadvertida dada la complejidad de los sistemas de opresión que nos atraviesan y lo arraigados que están a la cultura que nos envuelve. Con esto no pretendo hacer un alegato victimista. De hecho considero que debemos empezar a salir de los relatos de la disidencia que solo hablan desde el victimismo. Entiendo que muchas familias se esfuerzan por entender cuáles son las necesidades de las personas disidentes y cómo hacerles sentir a gusto. Ahora bien, por desgracia, la mayoría todavía no cuenta con las herramientas ni la conciencia suficiente como para hacerlo de forma segura, y sería ciertamente reduccionista no reconocer que no todos los esfuerzos son suficientes.

 

Me explico: hechos como preguntar por el nombre y los pronombres empieza a ser común entre algunas personas, sobre todo hacia quienes hemos expuesto nuestra identidad de manera más o menos abierta en redes sociales. No obstante, no solemos darnos cuenta de que preguntar exclusivamente a las personas visiblemente disidentes es una forma de señalarlas y, consecuentemente, de ponerlas en una situación vulnerable. Lo que es más, en muchas ocasiones no somos conscientes de que no todos los espacios son igualmente acogedores para nosotres y obviamos preguntar en qué momentos y delante de qué personas podemos o no podemos usar dichos pronombres para no generar situaciones violentas.

 

Entonces, ¿qué podemos hacer de manera consciente estas fiestas para que las personas disidentes de nuestro entorno se sientan lo más acogidas posible? 

 

Es imprescindible que observemos y analicemos el entorno para saber a qué violencias podrían exponerse y cómo apoyarles, ya sea activamente creando situaciones para que no tengan que encontrarse en conversaciones en las que se cuestione su propia identidad o se hagan comentarios despectivos, o simplemente ofreciéndoles un espacio seguro para cuando lo necesiten. Asimismo, si consideramos que alguien de nuestro alrededor puede estar cuestionando su identidad, también es importante entender que debemos darle tiempo y respetar los procesos personales sin ser intrusives.

 

Paula Aguilera

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